La carne de caza se diferencia por tener menos grasas que otras carnes y es una buena fuente de proteínas, además de vitaminas y hierro. Pero aunque se trata de una carne saludable, no está exenta de riesgos alimentarios, tales como contaminantes biológicos o sustancias tóxicas propios del medio ambiente.

La caza ha acompañado al hombre desde sus orígenes hasta la actual ganadería. El propio arte de la caza se ha perfeccionado, de forma que lo que en principio era una necesidad por la búsqueda de alimento, requiriendo destreza y valor para asegurar la supervivencia de la tribu, en la actualidad ha progresado a un deporte o hábito como práctica de ocio en las culturas occidentales.

La carne de caza y sus características organolépticas

La principal diferencia de la carne de caza con otras especies de abasto son sus características organolépticas. Así, presenta mayor firmeza, suavizándose en el caso de la caza criada en granja, ya que la alimentación controlada juega un papel decisivo sobre la terneza de la carne. El color rojo es más oscuro, el cual se intensifica con la edad, presentando un olor típico a ‘caza’, combinación de olor sexual y olor a campo y el sabor es más pronunciado, ocasionando a veces un gusto desagradable si el animal se encontraba excesivamente agotado en el momento de la caza o si estaba en celo.

La clasificación

La clasificación tradicional de la caza diferencia caza de pelo -y a su vez, en función del tamaño, encontramos caza mayor (jabalí, corzo, venado) y caza menor (liebre, conejo) y caza de pluma en función de su hábitat se distinguen de tierra (perdiz, paloma, codorniz, la becada), de montaña y de agua (pato salvaje).

Y desde el punto de vista sanitario la clasificación se basa en el tipo de cría de los animales, pudiendo diferencia entre caza silvestre incluye los ungulados (bovino, caprino, ovino, caballo, jabalí, ciervo), los lagomorfos silvestres (conejos, liebres, roedores) y aves silvestres (faisán, pato, perdiz, codorniz); son animales que viven en libertad.

Cacería responsable y ética

La conducta responsable y ética hace que la experiencia de la cacería sea mucho más agradable y gratificante para todos los involucrados. También resguarda nuestra preciada herencia de cacería al promover con el público una imagen positiva de la cacería.  Por ejemplo alrededor del 4.4% de la población de Texas caza. La mayoría de los Texanos respaldan la cacería ética y legal. Su conducta como cazador puede influenciar la opinión de la mayoría de los no cazadores de una manera positiva o negativa. La cacería es un privilegio maravilloso que puede perderse si los cazadores no actúan responsablemente.

Explotación de vida silvestre

Durante el siglo XIX muchos animales fueron cazados para el mercado, tanto que casi llegan a la extinción. Los búfalos, wapitíes, venados, berrendos y castores, que antes abundaban, fueron reducidos a una fracción de su población original. Algunas especies como  una paloma migratoria desaparecieron por completo. Se introdujeron leyes de conservación de vida silvestre para preservarla para las generaciones futuras.

Leyes y reglamentos de caza son importantes para asegurar:

  1. Seguridad pública
  2. Conservación de recursos naturales
  3. Parte justa
  4. Igualdad de oportunidades
  5. Justa perseguir

 

La cacería como actividad económica

La legislación acepta la cacería de subsistencia que se realiza únicamente para el consumo directo de los pobladores de las comunidades nativas y rurales. Sin embargo, esta actividad tiende a volverse comercial cuando se capturan más animales de lo necesario para el consumo familiar.

Lo que la familia no consume se ofrece a la venta para complementar el ingreso del hogar y facilitar la obtención de bienes comerciales y productos del mercado. La extracción de fauna con fines comerciales sí está restringida por normas en la mayoría de los países en general. Esta comercialización da paso a una mayor presión sobre la fauna objeto de caza, por lo general aquella por la cual existe preferencia de consumo y por ende mayor demanda.

El uso de la vida silvestre como alimento en Sud América está profundamente enraizado en el estilo de vida rural tradicional. La caza es un elemento importante de subsistencia y autosuficiencia económica para comunidades indígenas, tradicionales y rurales en la Amazonía (Pinassi et al., 2019).

Aspecto social

El hecho que la sostenibilidad de la caza para la obtención de carne silvestre en áreas tropicales es una preocupación importante para la conservación y el desarrollo, aún se sabe poco cómo medir la sostenibilidad y cómo implementar sistemas sostenibles de caza.

Se sugiere que los sistemas de caza para carne silvestre en áreas tropicales deben ser considerados como sistemas socio ecológico en los que los impactos de la caza sobre las poblaciones de las presas no sean el único enfoque.

En cambio, el análisis de la resilencia ayuda a entender las relaciones complejas y dinámicas entre las zonas de caza, sus recursos, la población, y los diferentes conductores de cambio exógenos que afectan los componentes del sistema a diferentes escalas (Van Vliet et al., 2015).

Se requiere un cambio de enfoque en el análisis con mayor inclusión de los factores sociales.

Consideraciones finales

La carne silvestre es un producto de gran demanda a nivel global en general y en la Amazonía en particular. La caza es un componente clave de las estrategias de subsistencia de los pobladores rurales. La carne silvestre es fuente de alimento e ingreso para importantes sectores de la población, es parte importante de las economías locales. Los altos índices de caza afectan la integridad y sostenibilidad de la fauna silvestre.

La pérdida del consumo de carne silvestre se relaciona con la incidencia de malnutrición en las poblaciones que dependen de la misma. Por otro lado la oferta y la demanda juegan un rol fundamental en los niveles de extracción de carne silvestre. Los precios de la carne silvestre tienen una significativa influencia sobre el comportamiento de caza, se aumenta el esfuerzo de caza en respuesta al aumento de precios, y baja en respuesta a la disminución de los mismos.

Tanto el mercado como la interdicción deben actuar juntos para mejorar la extracción sostenible y la protección de la fauna silvestre. Ampliar e intensificar el control legal y una mejora del nivel de vida generan una reducción significativa del esfuerzo de caza.

Dados los niveles no sostenibles de la extracción de carne silvestre, resulta urgente diseñar políticas de manejo que sean realistas y aplicables, tomando en consideración de manera directa los aspectos sociales involucrados en el proceso. Se requiere llevar a cabo un monitoreo constante de los niveles de extracción y las especies utilizadas, y promover agresivamente la conservación de la fauna silvestre para que el recurso perdure a lo largo del tiempo sin extinguirse.

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