La pérdida y el desperdicio de alimentos tienen un impacto negativo en el medio ambiente. Muchos alimentos se pierden o desperdician a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde la producción agrícola hasta el consumo final en los hogares. En países en desarrollo las mayores pérdidas de alimentos se dan en las primeras etapas de la cadena alimenticia, principalmente debido a problemas técnicos y de gestión para el almacenamiento, refrigeración y transporte; pero también, hay una gran cantidad de alimentos que se desperdician durante el consumo o que se tiran, incluso cuando aún están en buen estado, que es inaceptable.

 Las pérdidas de alimentos conllevan el desperdicio de recursos utilizados en la producción como tierra, agua, energía e insumos, por lo que producir comida que no va a consumirse supone emisiones innecesarias de CO2 que contribuyen al calentamiento global y cambio climático. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) estima que el 6% de las pérdidas mundiales de alimentos se dan en América Latina y el Caribe cada año son del 15% de sus alimentos disponibles. Con los alimentos que se pierden en la región sólo a nivel de la venta se podría alimentar a más de 30 millones de personas.

¿En qué afecta la pérdida o desperdicio de alimentos?

Todos los alimentos desechados en cualquier punto de la cadena de suministro, ya sea en la producción, en el procesado, en la distribución o en el consumo, genera un doble impacto en el Medio Ambiente, ya que además de contar con la producción hay que contar con la generación de un residuo nuevo. Este doble impacto se traduce en una presión sobre los recursos naturales y ocasiona contaminación por el efecto de los desechos alimentarios.  La pérdida y desperdicio de alimentos afectan al Medio Ambiente y a su sostenibilidad, y se mide a través de cuatro indicadores: Huella de carbono, que es la cantidad de gases con efecto invernadero emitidos durante el ciclo de vida del producto. Huella hídrica, que es el consumo total de agua para lo producción de alimentos, Cantidad de tierras destinadas a la producción alimentaria, Y la Biodiversidad, que mide el impacto de la producción alimentaria

Huella de carbono

Como gran parte de nuestros procesos productivos, los sistemas alimentarios dependen de la energía producida por los combustibles fósiles. Un ejemplo es el petróleo, utilizado desde la cosecha de los alimentos hasta el transporte y mantenimiento de los mismos. Otro efecto contaminante es la liberación de metano de aquellos alimentos que son descartados y vertidos, descomponiendo de forma anaeróbica

Huella hídrica

Se refiere a la utilización y consumo de agua, tanto superficial como subterránea, para la producción de alimentos. Se estima que ésta requiere actualmente el 70% del agua dulce de la Tierra. Cuando un alimento se pierde o se desperdicia, se hace lo mismo para el agua utilizada en su producción. Para hacerse una idea, según la FAO se requieren 1.500 litros de agua para producir un kg de arroz y hasta 15.000 litros para conseguir un kg de carne. En general, producir alimentos para satisfacer las necesidades diarias de una persona se requieren alrededor de 3.000 litros de agua.

Ocupación de tierras

Uno de los principales efectos de la agricultura intensiva es que, aunque se obtiene más productividad de la tierra, se disminuye la fertilidad del suelo y consume grandes cantidades de agua. Teniendo en cuenta que un tercio de los alimentos no se consume, existe un escenario en que los suelos sufren una presión y explotación que puede ser innecesaria. Menos fertilidad de la tierra hace necesaria la utilización de fertilizantes sintéticos.

Biodiversidad

Se refiere a la variedad de seres vivos sobre la Tierra. Hay causas que la afectan negativamente y ponen en peligro ciertas especies, como son la sobreexplotación de tierras, bosques y océanos, la contaminación y el cambio climático. El aumento de las superficies de producción conlleva la deforestación de millones de hectáreas anuales. La necesidad de alimentos conlleva la búsqueda de nuevos cultivos y la explotación marina.

¿Qué hacer?

La FAO y el IICA recomiendan mejorar la eficiencia de los sistemas alimentarios y las políticas de estados sobre el tema mediante marcos normativos, inversión, incentivos y alianzas estratégicas entre el sector público y privado. A nivel individual, como consumidores debemos mejorar nuestro comportamiento, debemos ser más conscientes en la selección y compra de alimentos.; se recomienda también planificar las compras y comprar solamente lo necesario para evitar que los alimentos caduquen por falta de uso o inadecuado almacenamiento. Otro cambio de conducta propuesto, es no preparar ni llenar el plato con más comida de la que se es capaz de consumir y si se tiene comida en buen estado que ya no se desea consumir, es aconsejable donarla.

¿Qué puedes hacer tú?

Si bien los productores y los distribuidores contribuyen con cerca del 58% de las pérdidas de alimentos, las medidas que se pueden adoptar para disminuirlo poco a poco van avanzando. Iniciativas como la recogida de toda la cosecha, mejor almacenamiento o la extensión del compostaje con los descartes; o bien trabajar con envases de diferentes tamaños, cambiar el concepto de alimento aceptable o hacer donaciones de los productos que no son aptos para la venta pero sí son aptos para el consumo humano. Lee las siguientes recomendaciones para conocer más sobre el tema:

  1. Antes de ir de compras verifica el estado de los alimentos de tu hogar. Planifica previamente lo que vas a comprar según las necesidades de tu hogar. Elabora menús semanales.
  2. Es importante la conservación correcta de los alimentos, manteniendo limpias y secas las zonas, rotando los alimentos nuevos por los viejos para que éstos sean consumidos antes, vigilar la temperatura.
  3. Fechas de consumo: La fecha de caducidad indica que el alimento puede ser peligroso para la salud a partir de esa fecha. La fecha de consumo preferente indica que a partir de ella su consumo no es perjudicial para la salud pero puede presentar cambios en el aspecto de su sabor, textura u olor.
  4. Justa ración: La mejor manera de evitar desperdicios es preparar y servir raciones exactas que se van a consumir. SI después sobran alimentos, se pueden reutilizar los siguientes días con nuevas recetas.
  5. Reutilizar las sobras de una comida pueden servir para otras recetas o platos.
  6. «Fruta fea». Mucha fruta se tira por su forma o aspecto y siguen siendo aptas para el consumo (por ejemplo, cuando a un plátano le salen pequeñas manchas marrones).
  7. Medias raciones. En bares y restaurantes se puede elegir esta modalidad, que además es más económica.
  8. Donaciones. Si tienes alimentos no perecederos que no vas a consumir, puede donarlo a los bancos de alimentos.

Procuremos disminuir al mínimo la pérdida y desperdicio de alimentos, y sensibilicemos a otros sobre las implicaciones que las inadecuadas prácticas de consumo tienen en el medio ambiente.
Pequeños cambios, hacen la diferencia. Es tiempo de actuar.

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