La piña forma parte de la familia de las bromelias. Los principales tipos cultivados pertenecen al género Ananas el cual agrupa varias especies, entre ellas, la Ananas comosus, siendo esta la más explotada con fines comerciales. Las principales variedades se clasifican de acuerdo con sus hábitos de crecimiento, la forma de la fruta, las características de la pulpa y la morfología de las hojas y se han propagado en función de su capacidad de adaptación a las condiciones climáticas de cada región.

 

Hoy día, la piña se consume en el mundo entero y es el segundo fruto tropical de mayor importancia mundial, superado únicamente por el cambur y seguido de cerca por el mango; aportando, más del 20% del volumen total de frutas tropicales consumidas en todo el planeta.

 

Las alta productividad del cultivo de piña como en cualquier cultivo dependen del éxito que se tenga en el manejo de cada uno de los factores controlables, como por ejemplo el suministro de agua y nutrientes; así como el control de plagas insectos y enfermedades, sin embargo llevar a cabo estas prácticas mencionada en este cultivo ha generado el desarrollo de varios problemas sobre todo ambientales dado su establecimiento de monocultivo debido a la morfología de la planta, la alta dependencia de agua en muchos caso mal distribuido y la alta demanda de agroquímicos para el control de plagas. Ahora bien como ¿logramos mejores piñas en todos los aspectos?

 

La implementación de “Buenas Prácticas Agrícolas” por ejemplo es un elemento de competitividad en la agricultura moderna. La FAO define a las BPA simplemente como “hacer las cosas bien” y “dar garantías de ello” y son un conjunto de  principios, normas y recomendaciones técnicas aplicables a la producción, procesamiento y transporte de alimentos, orientadas a asegurar la protección de la higiene, la salud humana y el medio ambiente, mediante métodos ecológicamente seguros, higiénicamente aceptables y económicamente factibles, es decir mejores productos en todos los sentidos. Dentro de la industria alimentaria, es primordial cumplir con estándares de calidad que garanticen un producto saludable y seguro para el consumidor, producido bajo lineamientos de sostenibilidad ambiental y social

 

Para lograr una producción de piña de alta calidad, se necesita seguir procedimientos operativos basados en las buenas prácticas agrícolas, entre los cuales se hallan:

 

A nivel ambiental es fundamental la adecuada preparación del suelo, la selección y el manejo de la semilla certificada primordialmente, el control de malezas y enfermedades, así  como la fertilización combinado con métodos alternativos ecológicamente viable, es decir reduciendo así la alta dosis de productos químicos

 

En el mismo orden de ideas para la producción de piña óptima, se deben realizar actividades determinadas que permitan verificar la calidad del agua por medio de estudios previos preferiblemente. Esto con el fin de asegurar que se suministre la humedad necesaria para el desarrollo de la planta, evitando que el agua sea un medio de contaminación biológica o química, así mismo se sugiere la implementación de instalación de sistemas de riego más eficiente y menos derrochadores como lo son los métodos de riego localizados.

 

En este sentido se señala que el cuidado de los ecosistemas de establecimiento de  siembra  de piña, contribuye a la obtención de un producto altamente nutritivo y delicioso.

 

Ahora bien, en la parte social los expertos se centra en la labores de cosecha ya que hay que seguir una serie de disposiciones generales que permitan responder a los requerimientos de los clientes por un lado dado su beneficio comercial y a las condiciones fitosanitarias establecidas.  Para planificar la cosecha, se deben considerar la cantidad de fruta a enviar, las condiciones climáticas, la higiene y el transporte, entre otros elementos.

 

La importancia radica en que los productores aprendan cómo mejorar su productividad a través de tener buenas prácticas. La productividad de cualquier cultivo depende de muchos factores, en parte disponer de un buen terreno, de buenas semillas, un buen clima, etc. Pero al menos un 50% depende de las buenas prácticas agrícolas que los productores realicen. 

 

En tal sentido obtener mejores piña implica loa selección de buenas decisiones por lo que los manuales de buenas prácticas agrícola sirve de orientador  a fin de obtener altos estándares de calidad, no solo para el producto como tal, sino además su entorno ambiental y social integrando todos los aspectos de la producción.

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